Terrorismo documental
Escrito por Brad - Columnista de MalagaDiario.com
martes, 06 de febrero de 2007
ImageMe llamo Brad Pitt y soy Economista pero me han perdido el título en Sevilla y se supone que ahora debo rebajarme e ir a pedir otro a la Universidad de Málaga. Pagando, claro. Aunque no sé para qué narices me va a servir un título original ahora que tengo acceso ilimitado al Photoshop edición CS Premium, con licencia pagada y legal. Escaneo otro de un colega y le pongo encima mi nombre.Peticiones a la cola.

Con un par de clicks y una visita rápida a Copicentro te convierto en lo que quieras. Médico. Esteticista. Abogado. Basurero. Arquitecto. Concejal. Cualquier cosa que se te ocurra o necesites. Descuentos del 70% sobre las tarifas de expedición de documentos de la Universidad. Aprovecha hasta el 31 de marzo, estamos de rebajas.

Con mi ordenador puedo hacer de todo. Carnets de minusválido para aparcar donde te dé la gana. Entradas para el cine en sesión continua con cambio de salas a voluntad. Tarjetas de cupones para beber gratis en la Feria. Cartas de residente para dejar el coche en plena Plaza de la Merced. Tarjetas de embarque para aviones y trenes. Tacos de tickets de zona azul. Entradas para casetas de feria. Billetes de 500 con la cara del Pocero, o si quieres, la tuya misma. Carnets de conducir con el nombre de gente muerta, pero con todos los puntos vivos. Facturas con IVA para deducir a muerte. El límite lo pones tú.

Todo tan real como las promesas de un político antes de la votación. Y en idioma comprensible hasta por un alcalde español. Ya sabes de qué estoy hablando.

Nada es lo que parece. La realidad es sólo aquello que puede leerse con el Acrobat Reader. Todo lo demás es basura física, orgánica. Papel sujeto a las leyes de la putrefacción. La verdad auténtica se esconde, se entierra. Y al cabo de cierto tiempo lo que crece, si es que crece algo, se arranca. Y reconócelo, tu currículum apesta a relleno. Tu formación es deprimente y tienes menos experiencia en cualquier cosa que un niño de cinco años. No sé a qué esperas entonces para fabricarte tu propio pasado. Dime cuánto mientes y te diré si alguna vez podrás comprarte un piso.

Fíjate por ejemplo en los políticos, se les acaba el tiempo e intentan cumplir todas sus promesas a la vez. La desesperación se nota en las calles porque en su día no dijeron la verdad. Es decir, es posible que creyeran en lo que estaban diciéndole a la gente, a esos que terminaron agarrando una papeleta con sus nombres. Pero se les fue la mano. Hace cuatro años hubo una bacanal de promesas en las que subyacía el Todo Vale. Lo del fin y los medios. Ya sabes de qué estoy hablando.

¿Necesitas dinero? Notas simples del registro de la propiedad con todas las cargas y embargos borrados. Nóminas cojonudas. Contratos indefinidos en Telefónica. Declaraciones de la renta dignas de un príncipe saudí. Escrituras notariales. Con todo ello haz un taco y llévalo al banco más cutre. No falla.

Lo único seguro es que tú estás de un lado, y los ganadores del otro. Seguro que el suyo es más bonito, más confortable, más ecológico. En tu lado hace más frío, las calles están sucias y duermes en una cama vieja o demasiado barata. Su lado es el paraíso, artificial pero paraíso al fin y al cabo. El tuyo es una mierda.

Hay una palabra para todo esto: deconstruir. Volver las cosas del revés, cambiarlas de sitio. Borrar lo que estorba para ser como ellos, los que ya se han acostumbrado a hacerlo continuamente. Los que son yonquis de la mentira. Ya sabes de qué estoy hablando.

Y todo lo que estoy diciendo no es sino cirugía estética vital. Un peeling de tu historia. Una liposucción de amarguras y estrecheces. Maquillaje de identidad. Llámalo como quieras. Pero haz algo, pues por lo visto, otra vez, aquí Todo Vale.