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La Primera Vez... |
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martes, 03 de abril de 2007 |
No debemos de olvidar la exaltación con que el cristianismo eleva la virginidad... Así como otras culturas que por propia evolución natural han ido perdiendo interés con el transcurso del tiempo, desde sus inicios.
No ha mucho tiempo, en el espacio de vida de tus abuelos e incluso nuestros padres, la visión que se le inculcó respecto a la virginidad como símbolo de pureza e inocencia fue extrema, e incluso cómica en muchos aspectos de la vida. Claro que “cabe recalcar (dice la “Enciclopedia de la vida conyugal y sexual” de hace medio siglo) que entonces no se tenían por verdaderas vírgenes a aquellas que continuaban tomando parte en las diversiones , aún las más inocentes; sostener una conversación, hablar con afectación, aparentar mucho agrado. Y mucho menos a aquellas que querían embellecerse, adornarse, perfumarse, arrastrar hábitos largos y andar con aire misterioso. O sea, las que provocaban el interés de los hombres y despertaban sus deseos por medio de sus vestidos, sus modales y sus insinuaciones, haciendo resaltar su belleza, no se las consideraba vírgenes (aún siéndolo de hecho). La virginidad no sólo atañía a la parte corporal. Exigíase una conducta en extremo recatada”. Social y personalmente, al ir contranatura, tales imposiciones acarrearon como es lógico muchas “vías de escape”.
La sociedad daba por hecho el pecado mortal que suponía ir contra los conceptos de una religión absoluta, que ponía en labios de Dios palabras, leyes, condenas, sacrificios y demás “armas en uso con la palabra” que hacían temblar el verdadero sentir natural del propio ser humano, bien con acciones, castigos y/o miedos incidiendo en la historia de forma notable.
Mantener relaciones sexuales fuera del matrimonio hasta hace bien poco, socialmente estaba muy mal visto; hoy quedan apenas pequeños residuos que pretenden mirar con la mirada sucia en sus intentos de trasladarnos a un pasado que, por suerte, ni nos corresponde, ni pertenece; pero su sombra furibunda: aún sigue ahí serpeando en busca del que carece de sentimientos libres sin inculcaciones y pensamientos propios. Aprovecharse de la buena fe de las personas, parece ser el cometido y en el que todos podemos caer e incluso someter. Lo saben pero hoy, dudan. Porque son muchas las voces y corazones que han y vienen luchando por la igualdad entre los seres humanos, un reto imposible de conseguir, hoy por hoy, debido a todo lo añejo de una sociedad que aún se resiste históricamente podrida. Pero existe una realidad en nuestro día a día, somos más los que necesitamos compartir y sentirnos más próximos. Por lo que NO considero nuestro tiempo baldío.
Nuestros abuelos y padres, también y pese a las “reglas sociales” de su época, tienen su historial en el sexo y, si me apuran hasta curas y monjas, han pecado y... ¿Por qué?, La respuesta es bien sencilla, ...somos todos humanos. ¿Qué hay de malo en compartir un orgasmo? Acaso, ¿existe sensación más indescriptible y humanamente arrolladora? ¿No es una sensación que nos transporta hasta quién sabe dónde? Sin el orgasmo, ¿quién se imagina la vida? El que menos, “peca” de pensamiento al respecto sin excluir a los matrimonios. ¿por qué muchas personas incluidas parejas buscan fueran lo que no hayan dentro? Tal vez, porque nadie está libre de “pecado”. Nadie puede evitar sentirse atraído o atraída por algún otro.
Me parece que el sexo tiene más importancia de la que realmente le damos. No soy de los que se tragan el sexo sin al menos ese “filing” necesario para compartir. Creo que no se da o no existe; de lo contrario, de darse, estaríamos hablando de “violación mutua consentida entre humanoídes”, o como queramos llamarlo por ponerle nombre. Y todo lo que se realice sin el consentimiento del otro, es esclavizar, delimitar, anular.
El prejuicio, la moral lo creo un invento de resentimiento que ensombrece a la persona ante lo que está bien o está mal para condicionarla ante unos intereses determinados. Por lo que creo que, toda acción que se comparte sin hacer daño a la otra persona, no debe ni puede existir el mencionado y antiquísimo “invento”. De lo que sí estoy seguro es que,
el sexo no lo inventó nadie. Es innato, natural, nada sucio ni peligroso dada las condiciones y tomando las medidas oportunas.
La virginidad, hoy en día, pesa. El hombre, con la irremediable excepción, no se cree con el derecho a exigirla como antaño fue motivo incluso, de cruentas situaciones.
La mujer de hoy en día, disfruta del sexo de forma más temprana.
Como es el caso de Karen (y numerosas amigas), que hicieron el amor por primera vez a los 14 años.
Fue al atardecer en casa de su amigo. Una vez en la habitación surgió pero... No era lo que ella esperaba. La inexperiencia de su amigo, la casi inexistencia de caricias y roces quizás, troncaron su primera vez prevaleciendo la decepción y el dolor. Hoy, a sus 18 años vive el sexo con cierta plenitud y libertad. Considera el acto sexual muy necesario e importante para su desarrollo como persona. Lo vive con cierta frecuencia, me comenta con cierta picardía y timidez en su rostro.
Caballero, es un chico de 21, se estrenó hace algo más de dos años con una chica virgen de 16. El acto fue satisfactorio para los dos, insiste, aunque estaba muy nervioso y asustado, pensaba que le iba a costar más trabajo. Fue también en la casa de su amiga y en la cama; surgió, mientras los padres y hermano dormían en habitaciones contiguas. Fue muy excitante, me dijo, aunque fue en plan “destrangis”.
La primera vez de Radhe fue cuando tenía 18 su amigo era diez años mayor y con experiencia. Necesitaba sentirse querida.
Lo que más le dolió fue el daño emocional. Todo fue bien, pero los sentimientos no fueron correspondidos con el transcurrir del tiempo como ella esperaba. Reconoce que es muy racional y poco aventurera. Le da miedo el después...
Helena, es una virgen de 24 años. Ha mantenido relaciones con varios chicos pero, me dice que por hacerse demasiado la interesante aún no ha pasado de las caricias y las masturbaciones mutuas. Que los chicos con los que ha dado son muy inexpertos y eso le provoca cierta inseguridad pero que cuando llegue el momento, va a recuperar el tiempo perdido.
Cuando se realiza con la persona adecuada, la pérdida de la virginidad no es lo más importante. ...Hoy es un mito (y aunque no lo parezca, aún para muchos... muy ansiado); es más, a quien hoy es el padre de mis tres hijos, puntualiza Amparo, sabía cuando yo iba de blanco que me casaba sin el virgo. Pese a todo eso, somos felices. Además, él tampoco era San
José, no te digo, me dice atizándome un codazo al despedirse.
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Malaga Diario - Periódico Málaga
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