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martes, 03 de abril de 2007 |
El brote de violencia surgido en las aulas, ha despertado cierta alarma social por parte del profesorado, al verse tan vulnerables ante la agresividad recibida en forma de golpes por parte de un minúsculo sector del alumnado.
Bombo y platillo en los medios informativos, ahora sí, el profesorado se queja verdaderamente y con razón; sin embargo cuando la alarma de violencia ha sido entre los mismo estudiantes, el eco no ha sido tan sonoro, quizás me atrevería a decir ni tan preocupante, como si el asunto tomara otra dimensión... diferente. Minimizada.
Imagínense incluso que han sopesado crear leyes condenatorias (cuando el alumno se “violente” contra el profesor), sin descartar graves matices anticonstitucionales.
He reflexionado sobre este tema intentando vislumbrar la raíz principal. Estoy convencido de que la convivencia no es factor causante de tal brutalidad. Tal vez sea otro bien distinto: la no convivencia. El apartar, descalificar, ignorar, desaprobar,
castigar... Ya, ya nos habló Ortega de la deshumanización...
Hablar, escuchar, comunicarse debiera ser el propósito posible para conseguir la aproximación. Sin ello, no encontrarán lo que verdaderamente nos une. Las segregaciones, restan, nunca sumaron nada positivo socialmente. Todo este desbarajuste acontecido no lo considero una debilidad de autoridad (legalmente, ya lo son); en este país la autoridad ha sido sinónimo “del miedo”. ...No regresemos. La cuestión va por otro camino. No se podrá considerar verdaderamente profesional al incapacitado/a de motivar al alumno que más lo necesita. Mientras haya un alumno desatendido se estará incumpliendo con el ejercicio de la enseñanza. Eso si que es verdaderamente condenable.
Por otra parte, de forma muy personal, veo y compruebo el fracaso de las asociaciones de padres y alumnos. Realmente con ello lo único conseguido es el traslado de responsabilidad a quienes no corresponde. No se olviden que la mayor parte de la vida de un estudiante, transcurre en el aula: colegio, institutos, universidades... Y el futuro, en gran medida va de mano de los profesores. Cierto que el sistema educativo deja mucho que desear... Pero no, no lo compliquemos más creando alarmas tal vez fuera de contextos reales. Estoy convencido de que los profesores ni sois los angelitos ni los alumnos son tan diablos. En estos tiempos es necesario, porque todos somos útiles aunque no imprescindibles, escuchar la voz del otro. Y por favor, empecemos no robándole la infancia con tantos deberes en horas no lectivas a los niños. Ni les impongan lecturas en las que ellos no sean partícipes porque, serán ustedes los máximos responsables de que terminen odiando, ...los libros.
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