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Guzmán el Bueno y Zapatero el Malo |
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Escrito por MalagaDiario
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martes, 06 de marzo de 2007 |
Resurgen los fantasmas de pasado. Recuerdo que en aquella historia de España, espartana y gallarda, que se nos pintaba desde las páginas ajadas de la Enciclopedia Álvarez, aparecía la regia narración de Alonso Pérez de Guzmán, alcaide de la fortaleza de Tarifa que se distinguió, en 1295, por su heroica gesta en la defensa de la ciudad frente al asedio de los musulmanes que pretendían la rendición de la plaza. Capturaron al hijo de Guzmán y amenazaron con matarle si don Alonso no rendía Tarifa. Según el legendario relato prefirió sacrificar a su hijo antes que entregar la población, tirando desde el torreón su propio cuchillo para que lo mataran. Desde entonces se le conoce con el sobrenombre de Guzmán “el Bueno”.
La España cañí le estaba pidiendo a Zapatero que, en el caso de De Juana Chaos, se distinguiera por su valentía a la hora de defender la Nación, que no cediera (según su terminología belicista) al asedio de los etarras, que no rindiera la plaza del Estado de Derecho a los pies del terrorista, y que al grito de “¡Santiago y cierra España!” izase la bandera española sobre el cadáver del pistolero.
Es curioso, pero quienes esto reclaman olvidan que el famélico asesino, tras haber sido juzgado y condenado a 3.129 años de prisión por el asesinato de 25 personas en aplicación del Código Penal vigente, ya había cumplido su pena. Las leyes que beneficiaron a De Juana Chaos fueron aprobadas en 1973 (al parecer el franquismo era más benevolente con los presos que la democracia), sin que desde el Gobierno de Aznar (en sus ocho años de legislatura) se legislase ninguna reforma de ese Código Penal que propiciase el cumplimiento íntegro de su pena. El etarra iba a salir de prisión en febrero del 2005, lo que provocó un muy comprensible malestar en la opinión pública; pero la ley es la ley y obligaba a ponerlo en libertad al final de su condena. Fue ése el momento en el que los demagogos entraron en escena. El Gobierno de Zapateo reaccionó con debilidad y se dedicó a bucear entre las heces del preso. Se encontraron dos cartas “amenazantes” y ahí comenzó el enredo del Presidente. La justicia debería de ser imparcial siempre, pero se prefirió “retorcer” la ley según la conveniencia del momento político, para buscar la manera de mantener a De Juana en prisión. Entonces el fiscal del Estado, en un intento de “creatividad jurídica”, pidió 96 años de cárcel por un delito de amenazas. Curiosa reacción ya que otro pistolero, Iñaki Bilbao, había sido condenado en 2005 a dos años de prisión por apuntar con sus manos al juez Garzón simulando el acto de disparar con un revólver. Luego vino lo que todo sabemos: reducción de la petición de pena de 4 a 13 años, condena del tribunal a 12 y rebaja definitiva a 3. Cumplido un año y medio de prisión preventiva, con sus huelgas de hambre incluidas, se ha cumplido la ley. Y la ley, guste o no guste, hay que acatarla.
De Juana Chaos es un asesino que debería de haberse podrido en la cárcel; pero por mucho que duela el terrorista ya ha cumplido su condena por asesinato acogiéndose a los beneficios penitenciarios del código vigente que lo condenó. No hay más que inventar, pues la venganza no es una forma admisible de justicia. Decir que la justicia debe de estar por encima de las leyes, como se insinúa desde las filas del PP, es reservarse patente de corso para establecer en qué consiste la justicia y cuándo la ley ha perdido valor: algo así como socavar los principios del propio Estado de Derecho. Zapatero no ha sido “el Malo” ahora, por su supuesta rendición ante los terroristas; lo fue cuando comenzó a dar pábulo a los demagogos y se adentró en el enredo de un laberinto jurídico de incalculables consecuencias. Su bizarría debió de demostrarse entonces (en febrero de 2005) aplicando la ley, sin más, sin atender a salvapatrias ni a justicieros de pacotilla. Lo de hoy son ya paños calientes.
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