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Escrito por MalagaDiario
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miércoles, 14 de febrero de 2007 |
Es posible que todos hayamos sentido alguna vez el deseo de que este mundo se pare para bajarnos de él. Pero, en fin, somos víctimas y también socios. Y ni el mundo se puede parar ni nosotros nos bajaremos hasta que la muerte lo decida y, a otra cosa, mariposa. Esta mañana viendo las noticias de los telediarios matinales, centrados en el cabreo de un futbolista, en las declaraciones, tal vez improcedentes, de un recién nombrado ministro -¡de Justicia, nada menos!-, en la disminución de cierto tipo de delitos, aunque el nivel de delincuencia haya subido, en la decisión de un preso por terrorismo de seguir en huelga de hambre pese a una sentencia “legalmente correcta, popularmente rechazable y políticamente sospechosa” que favorece su situación… En fin, decía que viendo/escuchando esta mañana las noticias y leyendo las portadas de los diarios, me preguntaba si era posible sobornar al conductor de este mundo para que nos lleve a un destino más soportable, menos crispante. Pero el conductor parece conseguir más dividendos en la ruta actual y, en consecuencia, no hay otros dineros que compensen sus ganancias.
Me apetecía escribir de un tema más efímero, por su temporalidad, no por su trascendencia. Por ejemplo, de las campañas pro Sí al Estatuto de Andalucía que realizan los partidos políticos. Parece como si votar Sí fuese la panacea para todos los problemas que tiene Andalucía, cuando, en realidad, con nuevo Estatuto o sin él, nuestro progreso depende de otros parámetros, de políticas diferentes a las actuales, de decisiones administrativas más de acuerdo con unos objetivos de desarrollo integral. No me gusta la campaña por el Sí y no me gusta el modo de ir haciendo estatutos de unos contra otros y cada cual arrimando el ascua a su sardina o sardana sin tener en cuenta el conjunto de todos los espetos que esperan el calor de la brasa, que no hay más cera que la arde y es necesario repartirla de modo justo en todas las velas. Y si el estatuto XXX es bueno para unos, ¿por qué no tienen todos los mismos estatutos, redactados de común acuerdo? Algo huele a podrido.
Antonio Machado nos dejó su queja rotunda: “… Y España toda, / con sucios oropeles de Carnaval vestida / aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda; / mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida”. Porque cada cual “el rumbo sigue de su locura” y existen alcoholes ocultos que conducen las mentes en la toma de decisiones. Habrá que pensar de nuevo en el “por favor, paren este cacharro que nos bajamos en la próxima”.
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