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Escrito por MalagaDiario
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domingo, 11 de febrero de 2007 |
Un juez preocupado por el bien común se ha cepillado de un plumazo una parte de los Carnavales de Tenerife, y ello por los decibelios, por el bullicio. Esta sentencia, que tan sólo es un añadido al estado de bienestar y silencio que nuestros gobernantes desean para nosotros, ha puesto nerviosos a tirios y troyanos, cofrades y nazarenos, ante la que se puede armar en fechas próximas.
La nuestra, la española, es una sociedad que avanza de forma imparable a meterse en la propia casa y no salir de ella para pasarlo bien, ya ven que fumar tranquilo, los que fumen, sólo puede realizarse entre las cuatro paredes que le dan cobijo a uno, y ello si a un par de okupas no les da por la invasión; beber un buen rioja o un sencillo jumilla o un humilde valdepeñas o un oloroso jerezano o un dulzón de nuestros Montes puede convertirse, de aquí a nada, en un pecado de aquellos que llamábamos mortales.
Asistimos a un cambio de valores que dicen que nos beneficia, pero vaya usted a saber. Estamos ante una nueva época de prohibiciones que puede acabar con el rasposo paladar de un buen rioja en combinación con un suculento queso curado y todo bajo el aroma de un espléndido habano que sepa a gloria. Eso y poco más es lo que nos quedaba para pasar un día maravilloso.
Nos salva el Estatuto de Andalucía, la huelga del etarra De Juana, las cosas de Capello, el bote del euromillón, el cachondeo que se traen Zapatero y Rajoy, el próximo nombramiento del fiscal Bermejo como Ministro de Justicia y los modelitos de Fernández de la Vega.
Mientras tanto, en silencio y sin decibelios por medio, cerca de cuatrocientos seres “leprosos” procedentes de Cachemira, Sierra Leona, Birmania, Sri Lanka, Costa de Marfil y Liberia, embarcados en el Marine I, sirven de mercancía humana para que Mauritania, mediante pago, los acoja y los pasaporte a su lugar de origen, o cualquiera sabe.
Nadie los quiere. Nadie. Ni España ni Francia ni el corazón de Europa ni el Gran Sultán de Marruecos. Son los desheredados de este mundo de mierda que en estos días se disfraza para que nadie descubra la podredumbre que nos maniata.
Cerca de un millón de euros va a pagar España a Mauritania por hacerle el favor de llevarse esa “morralla” humana. Eso sí, en silencio, no sea que el juez le meta mano a Rubalcaba.
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