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El nombre de Dios en vano |
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Escrito por MalagaDiario
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viernes, 09 de febrero de 2007 |
En sus poemas, ya Jorge Guillén trataba el tema de la trivialización de todo lo que es, o debe ser, respetable. Todo se trivializa, afirma ante el ejemplo de un acto violento –la muerte por las balas del ejército enemigo de un hombre indefenso- que se muestra en televisión seguido de festivos spots publicitarios.
Ciertamente, la TV constituye el medio más poderoso de trivialización. Pensemos, por ejemplo, en el tratamiento que se ha dado, que se sigue dando, a la muerte de Erika Ortiz Rocasolano, tratamiento injustificado siempre, sean cuales sean las circunstancias de su fallecimiento y de sus parentescos.
Mas no ha sido éste el motivo de mi columna. El motivo viene dado por esos anuncios actuales –ni siquiera recuerdo el producto anunciado- en los que se parodia el discurso de ciertos líderes políticos revolucionarios, de izquierdas para más inri. Es un acto de trivialización de la historia de pueblos que, con independencia de su evolución política posterior, se vieron abocados a cambios radicales, a enfrentamientos civiles, a rupturas trágicas. Merecen un respeto y no una paródica trivialización.
Ya la publicidad nos tiene acostumbrados a trivializaciones de Dios y de lo divino: ángeles que disputan un desayuno o merienda con quesitos fundidos que “están divinos”, Dios mismo señalando un producto de limpieza o unas comprensas absorbentes con alas angelicales… En el mundo islámico, una caricatura del profeta puede ser motivo para emprender una cruzada contra la corrupción occidental. Pero en Occidente asistimos a parodias de los divino o lo más respetable humano y permanecemos indiferentes en el sillón del aletargamiento ante el televisor.
Hacemos espectáculo –a ser posible morboso, o favorecedor del morbo- de cualquier tema y, mientras tanto, nos las van dando todas en el mismo carrillo, pues todo parece conducirnos a la alienación más lamentable, a la indiferencia ante el dolor, a la insensibilidad. Poco a poco hasta se nos va destruyendo nuestro “corazoncito”.
Sigamos poniendo remedio al deterioro medioambiental y del Planeta, pero pongámoslo también a nuestra Humanidad.
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