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Escrito por Carlos Benítez Villodres - Columnista de MalagaDiario.com
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jueves, 08 de febrero de 2007 |
Aunque las estadísticas nos informen que hay un equilibrio perfecto entre lo que cada familia malagueña ingresa mensualmente en su cuenta bancaria, fruto del trabajo diario, de la pensión..., y los gastos que el vivir conlleva, es evidente que un sinnúmero de malagueños se siente impotente ante el descenso continuo del poder adquisitivo, debido a la subida imparable de precios.
Es una desfachatez, una perogrullada que enmascaren una realidad que está ahí presente en el corazón del pueblo que la sufre ¡Cuántas y cuántas familias malagueñas tienen grandes dificultades económicas para “llegar a final de mes”! ¿Dónde está aquella “inmensa clase media” de las tres últimas décadas del siglo XX, sostén de nuestro país, y nutriente para su desarrollo? Los viajes de ida siempre son sorprendentes, alegres, pero los de regreso, los de marcha atrás, nos sumergen en el hastío, en la ansiedad, en lo oscuro. Hoy, esa clase media hace aguas por todos lados.
El ciudadano de a pie percibe y siente que su vida la han descosido y la han despezado para, posteriormente, hilvanarla con los frágiles hilos de la inseguridad (económica, laboral, ciudadana...) de la incertidumbre.
En la actualidad, la mayoría de las personas, especialmente las asalariadas, los pensionistas, los empresarios de las pequeñas y medianas empresas..., no estamos exentos de los riesgos y peligros de todo tipo que nos acosan por doquier. Vivimos con un “¡ay!” continuo en la boca, porque no pisamos, por voluntad de otros, tierra firme.
Los regidores de los países todopoderosos, la Banca, las multinacionales... nos tienen en sus garras. El espectro de las museísticas clases sociales ha abandonado la vitrina de la historia, se ha adentrado en los países considerados como del primer mundo y planea sobre las cabezas de una parte bastante significativa de sus habitantes. Una muralla, aún incipiente, crecerá, como por arte de magia, en grosor y altura, si las sociedades de estas naciones no lo impiden, para separar a ricos y pobres ¿Se repetirá la historia? ¡Hemos perdido la razón o la razón nos ha perdido a nosotros! El tiempo lo dirá.
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