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LA SIESTA Imprimir E-Mail
Escrito por Pepe Hortalanca - Columnista de MalagaDiario.com
domingo, 04 de febrero de 2007
El 24% de los españoles aseguran dormir la siesta formal y regularmente, según datos de un estudio realizado por Pikolín, y son muchos más los que informalmente dan “una cabezadita”, aunque no lo confiesen. Esto sí que es “un deporte nacional” practicable a cualquier edad, saludable y que reporta importantes beneficios. Descansar un rato después de comer es una costumbre antigua. La procedencia etimológica de la palabra "siesta" y del verbo "sestear" está en la llamada por los romanos "hora sexta", entre las 14,00 y 16,00 horas, momento en el cual se hacía una pausa de las labores cotidianas para descansar y reponer fuerzas.

Nunca entendí cómo se mide la audiencia de los programas de televisión, pero sería interesante que a primera hora de la tarde registrasen también el número de telespectadores que, arrullados por el mundo del cotilleo, quedan sumergidos en una reparadora cabezada aunque mantengan el aparato encendido, y no hay griterío infantil ni gresca televisiva que los interrumpa. Y aunque algunos han mantenido la errónea creencia de que "los españoles son vagos por dormir la siesta", está científicamente demostrado que la siesta es reparadora hasta el punto de aumentar el rendimiento laboral, descargar la ansiedad y desbloquear la mente. La siesta de breve duración supone un hábito saludable, pues tener sueño después de comer es un hecho fisiológico desde el nacimiento, y cualquier sitio es bueno para echar una cabezada.

Esta saludable costumbre de la siesta, que algunos consideran como muy española, es una costumbre presente también en algunas partes de Latinoamérica, también en China, Taiwán, Filipinas, India, Grecia, Oriente Medio y África del Norte. La administración de Bangkok fomenta la siesta entre los funcionarios durante la jornada de trabajo, al comprobar que esa costumbre mejora su rendimiento laboral. Así, hacia el mediodía y por turnos, los funcionarios de la capital de Tailandia pueden echarse la siesta, que suele ser de unos 30 minutos en un dormitorio especialmente habilitado del edificio.

Personajes como Einstein cantaron sus alabanzas y Winston Churchill, que aprendió la costumbre en Cuba, fue un entusiasta cultivador de la misma, con la consecuencia, dicen, de que sus colaboradores quedaban rendidos cuando le veían a él tan fresco a las dos de la madrugada y con ganas de trabajar más, durante los días de la II Guerra mundial.

Ahora, el ministro francés de Sanidad, Xavier Bertrand, ha afirmado que veinte millones de franceses duermen mal y las consecuencias cotidianas son accidentes de trabajo, mal rendimiento, accidentes de tráfico, absentismo, dificultad escolar... y todo ello puede mejorar si las empresas atienden su documentada recomendación y aceptan facilitar el derecho a 15 minutos de sueño en el puesto de trabajo, algo así como “la siesta laboral”, un corto sueño con el propósito de reunir energías para el resto de la jornada. Dicen los expertos que una siesta de no más de 60 minutos ni menos de 15, mejora la salud en general y la circulación sanguínea y previene el agobio, la presión o el estrés, favorece la memoria y los mecanismos de aprendizaje y proporciona la facultad de prolongar la jornada de trabajo.

Claro, que la siesta ha evolucionado, adaptándose al compás que marcan los tiempos. Hace 50 años uno se retiraba a su habitación empujado por la implacable alarma del reloj biológico, con pijama y almohada. Ahora cada vez más empresas se están percatando del beneficio en el rendimiento de sus empleados que supone ese breve descanso y fomentan ese pequeño relax en sus propias instalaciones.

Así, la siesta cada día gana adeptos; el alcalde de Plasencia (Cáceres) dictó un bando, hace unos años, en el que se obligaba a guardar silencio de tres a cinco de la tarde durante los meses de verano con el fin de velar por los durmientes. En las grandes capitales como Madrid y Barcelona la imaginación comercial ha propiciado el nacimiento de una cadena que pone al alcance de cualquiera un sillón anatómico adecuado y un ambiente relajante -masaje y manicura incluido- para pegarse una saludable cabezada, eso sí, pagando previamente. La siesta también ha hecho las Américas, y el doctor James Maas lleva varios años asesorando a las empresas americanas sobre los beneficios de la pausa "mediterránea", que él le llama el “power nap” (la siesta del poder), una cabezadita de 20 ó 30 minutos después de comer que le hace a uno más productivo, diligente y sano. Decenas de compañías se han hecho eco de esta práctica y en las oficinas de Levi Strauss, Ben & Jerry o Mac World Magazine existen los así llamados "nap lounges": salones en penumbra y con mullidos sillones donde los "curritos" pueden cargar baterías. Los accidentes laborales se han reducido significativamente por efecto del sueño reparador.

La siesta goza de prescripción facultativa en todos los niños pequeños, y seguro que un día los "dormilones anónimos" saldrán de los armarios como en su día hicieron los gays para proclamar el Orgullo de la Siesta, entonces la ONU proclamará el Día Mundial de la Siesta; ese día todo el mundo tendrá sus minutos de gloria.
 

 

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