|
El Estatuto y la Educación |
|
|
|
Escrito por José García Pérez - Columnista de MalagaDiario.com
|
|
martes, 23 de enero de 2007 |
Todas las tardenoches aparece en el aparatito de la Televisión Andaluza un líder o una líder de opinión, que nos leen un artículo del Estatuto de Andalucía para que la ciudadanía vaya tomándole el pulso al listado de derechos y deberes, y acuda presto, como disciplinado ciudadano, el día 18 de febrero para depositar su voto en las urnas.
poderes públicos de la Comunidad Autónoma de Andalucía garantizan el derecho moral que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones. La enseñanza pública, conforme al carácter aconfesional del Estado, será laica. Los poderes públicos de la Comunidad tendrán en cuenta las creencias religiosas de la confesión católica y de las restantes confesiones existentes en la sociedad andaluza”.
Si usted, querido amigo, ha leído con atención el artº 21.2 que me he molestado en transcribir habrá caído en la cuenta de que nuestros padres de la “patria andaluza” no son un dechado de perfección a la hora de definir conceptos. Ya veremos a la hora de interpretarlos.
Eso de que la enseñanza pública será laica, conforme al carácter aconfesional del Estado es un craso error. El legislador andaluz ha racaneado y mucho en esa aproximación que hace entre lo aconfesional y lo laico, convergiendo ambos conceptos en una mentira letal e inconstitucional que, me imagino, que al igual que ha ocurrido con el Estatuto de Cataluña, será recurrido en esta Tierra de María Santísima.
Pero no porque uno pueda ser un inocuo meapilas, que ya ni eso, sino porque no llego a entender por qué los pequeños y pequeñas, que acudan a las escuelas públicas van a ver cercenadas sus posibilidades de acceder a que le cuenten los dichos y hechos de un tal Jesús de Nazaret que pasó por este mundo haciendo el bien, que no es poco hacer.
Más de un andaluz va a otorgar un voto negativo al Estatuto de Andalucía por esta clara discriminación para con los más necesitados, y es que aunque el de Nazaret viniera esencialmente a por los pobres, ya está bien de hacerles putadas a los de siempre.
|